domingo, 23 de septiembre de 2018


El tantra defiende que la eyaculación masculina es nociva para una relación sexual completa. Con más de 3.000 años de antigüedad y origen indio cuenta una disciplina que parece haberse puesto de moda en los últimos años, con la revitalización de doctrinas metafísicas y creencias New Age: el tantra.

Estas enseñanzas trascienden mucho más allá de la mera relación sexual, aunque quizá su difusión ha comenzado a interesar y a llamar más la atención de diversos públicos por las extrañas prácticas placenteras que se ponen en juego.

De lo genital a lo sensorial

El tantrismo defiende la transición de la simple sexualidad genital a un placer que se difunde globalmente a todo el organismo y que busca la integración de los dos seres que se encuentran en el acto sexual, en cuerpo, mente y espíritu (la superación de la dualidad materia/ espíritu, en definitiva).

Para llegar a esta sincronización entre pares se usan técnicas que también se emplean en el yoga, con el objetivo de buscar la relajación física y mental y alcanzar así nuevas experiencias sensoriales.

Esta filosofía de plenitud y unidad recomienda a los dos componentes de la pareja mantenerse sanos y en forma, así como meditar juntos.
La compenetración debe notarse también en el sexo donde incluso se aconseja al hombre explorar su lado femenino y a la mujer sus rasgos masculinos.

Sexo sin eyaculación

Uno de los principios más llamativos del tantra es la prohibición de la eyaculación masculina por considerarla un derroche de energía sexual y una traba para que la mujer llegue a múltiples orgasmos.

En la cultura occidental, más centrada en los logros, esto es totalmente aberrante, dado que el orgasmo, especialmente el masculino, es el fin último de una relación sexual.

Sin embargo, este hecho suele dejar al hombre debilitado y paralizar el placer de la mujer. En este sentido, podría considerarse que la disciplina tántrica supone una potenciación total de la sexualidad femenina.

Por lo tanto, en el tantra la “eyaculación” y el “orgasmo” serían términos diferentes. Para detener la eyaculación se recomienda ejercitar el músculo PC, el cual es tanto el responsable de detener la orina al miccionar, como el que produce las contracciones espasmódicas que expulsan el semen por la uretra en un orgasmo.

Parece ser que, con mucha experiencia y mucha práctica, el hombre puede llegar a experimentar este denominado “orgasmo interno” sin soltar ni una gota de semen, pudiendo así prolongar la erección y la eyaculación final hasta que él desee.