miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mitos de los Pechos femeninos


Pese a la creencia popular los hombres preferimos la turgencia a la grandilocuencia. Firmes, recias, caídas, arrugadas, puntiagudas, separadas, sonrosadas, bronceadas los pechos femeninos tienen una variedad tan amplia casi como personas hay en el mundo y consiguen despertar el interés en el hombre desde su más tierna infancia hasta su más profunda decrepitud.

Quizá la culpa sea de las horas, días y meses que nos pasamos aferrados a uno de estos dúctiles y carnosos bultos y sus raciones lactosas, o puede que la curiosidad por lo que no se tiene impulse nuestra inquietud.

Lo que está claro, sin lugar a dudas, es que un buen escote puede ser la mejor arma para echar por tierra la rectitud y decencia de cualquier hombre. Pese a no desearlo, los ojos masculinos se dirigen hacia los redondos objetivos, y en algunos casos las manos y la boca desearían hacer lo mismo.

Los pechos femeninos: El falso mito de los pechos grandes


El mito dice que nosotros, los caballeros, las preferimos rubias y pechugonas. Causa quizás de llevar a cada vez más adolescentes a querer pasar por quirófano para disponer de una medida adecuada a las circunstancias.

Sin embargo, la realidad es que la mayor parte de los varones no dan a este factor tanta importancia como se piensa.

Al margen de considerar otros factores no sólo físicos, los hombres abogan más por la naturalidad que por artificios desmesurados y por la turgencia antes que por el rebosamiento cárnico.

Los implantes de silicona elevan, redondean y endurecen, pero nada mejor que tener entre las manos la suavidad de una delantera que no haya pasado por el quirófano.

Los pechos femeninos: No hay queja que valga


Lo cierto es que las españolas y las latinas no tienen motivos para quejarse, ya que la media se encuentra en una talla 90, exactamente la misma que la de sus vecinas europeas: francesas, italianas y alemanas.

Además, ustedes, mujeres, están en ventaja ya que son las únicas hembras en una especie que mantienen la redondez de estas protuberancias más allá de las épocas de lactancia.

Las hembras de todas las especies de primates tienen un pecho plano que se hincha durante el tiempo de crianza, cuando éstos se llenan de leche materna.

Después de lo cual vuelven a recobrar su forma habitual plana. Sin embargo, los senos de la mujer son diferentes y permanecen protuberantes y firmemente formados durante todo el periodo de la juventud, independientemente de consideraciones maternales.